Meditación
Percibo la mañana, noto el sol brillante, el azul del cielo, algunas nubes blancas. Cambié escenarios, del verde pasto y árboles frondosos a extensas playas de doradas arenas y aguas verdes azules, siempre en ellas reflejando el resplandor de plata del inmenso cielo. Sin querer y sin pensarlo, esta vez no fue un descanso. Esta vez fue un llamado de algo que se venía postergando. Cómo no volver a la fuente, a donde nos conectamos con la creación. Su inmensidad me conmueve el alma, me abraza y me contiene, no perdió nunca la fe en mí, esperó mi proceso de aprendizaje que realicé en el bosque, ese sendero hermoso y caótico, con sus claros oscuros, con su piar de pájaros por las mañanas y el aullido de las bestias por las noches. Personas, guías y maestros, mascotas, enemigos, amigos, amores, música, magia y sobre todo eternas enseñanzas. Sin querer todo eso me llevó a tus costas a tus sanas aguas, esas que contuvieron...